A partir de la asunción de la nueva directora del Fondo Monetario Internacional, quién aseveró que desea que a la Argentina le vaya bien, aunque sin embargo le niega, por mandato de los integrantes de su mesa directiva, el desembolso de los dólares que esperaba Macri y Lacunza, se comienza a complicar el panorama económico a nivel nacional.

En ese sentido sube la desconfianza internacional en el pago de la deuda y el riesgo país se ubica en los 2.200 puntos, en tanto el dólar comienza a escaparsele al Banco Central de la República Argentina, llegando hoy en el Banco Nación a los $ 59.

A la vez se frenó el crecimiento de la actividad económica por la devaluación del mes de agosto y se espera una suba de la inflación para fines de septiembre.

En tanto y por causa de permanecer la incertidumbre generada por los políticos, la gente continua retirando sus pesos y dólares de los bancos, los pesos que no vuelven a ser depositados van al billete verde como reserva de valor y a cajas de seguridad o cajas fuertes, las que han tenido una importante venta en el mes de agosto.

Alberto Fernández en tanto sigue hechando leña al fuego con su idea-no novedosa- de acordar con el FMI nuevos plazos de pago de la deuda contraída por el país- lo cuál significaría que esta aumentaría por consecuencia del ajuste de los intereses correspondientes, lo que mantendría al país en los años 2020 a 2024 pagando deudas y contrayendo el crecimiento y desarrollo interno, con nuevos ajustes, devaluaciones y conflictos sociales increscendo.

Queda claro que a la Argentina se le van cerrando las opciones para formular políticas económicas de crecimiento y se repiten los mismos errores de los pasados recientes y en general sucede porque no se rectifica el rumbo sobre la marcha de los programas (si los hubiere) y no se cambian los funcionarios cuando fallan en sus previsiones, por amiguismo, familiaridad o lazos políticos.

Todo lo mencionado genera una desconfianza que es muy dificultoso recuperar, máxime cuando siempre aportan los mismos y la clase política no quiere ajustarse el cinturón, por el contrario, al igual que el poder judicial, cada vez quieren más, cuando saben que los recursos económicos son cada vez más escasos, sin una productividad continua y un mercado interno e internacional que la reciba.