En éste último debate presidencial dónde los candidatos tendrían que haber presentado sus propuestas de gobierno y tratar de explicar, en el corto lapso de tiempo que tenían para exponer como iban a salir de la actual crisis económica que afecta al país y a millones de Argentinos, no supieron -por lo menos los dos principales contendientes- más que defender sus gestiones, uno de gobierno y otro como Jefe de gabinete del Kirchnerismo, llegando nuevamente a hablarle a un votante que ya ha definido su voto.

Esta vez cada uno de ellos se mantuvo aplomado y con un libreto estudiado a fondo, aunque primo la agresión y la chicana política, algo que no le interesaba al publico televidente.

Se pudo ver a un Macri preparado para contestar y acusar y a un Fernández, atento a lo mismo. Ambos han hecho promesas que ya están instaladas en sus campañas electorales, uno promete un futuro modelo de país que aún no se visibiliza y el otro- si vuelven al poder, un país casi de maravilla, algo que nunca concretaron cuando tuvieron el poder del Estado en sus manos.

De fondo, no han dicho nada nuevo, salvo prometer en 2020 aliviar a los beneficiarios de los créditos UVA o a los jubilados, aunque eso no movería el amperímetro electoral. Casi todos apuntaron al voto de las fuerzas de seguridad (menos Del Caño).

Lavagna, repitió – a veces casi como perdido- su posición desde lo económico, lo mismo hizo Espert, atacando a Macri y a Fernández, planteando un país casi igual del cual quiere salir (liberal), claro que con un achique del Estado y sus funciones, algo que se intentó en Argentina de los noventa y no tuvo resultados positivos, es muy parecido a lo que sucede hoy en día, hay liberalismo (denominado Gradualismo) y el único beneficiado sigue siendo el mercado, no la gente.

Gómez Centurión plantea un gobierno más de derecha, lo que empujaría, si llegara a algo, a un autoritarismo que siempre termino mal y con excesos.

Del Caño, no tuvo propuestas, sigue en su limbo comparativo, metiendo a Chile y a ecuador como si buscará la revolución del proletariariado en la Argentina, una utopía de mentes perimidas que siguen en una izquierda ideológica que vive de un capitalismo que dice deplorar.

Para los equipos propios ganaron todos. En síntesis fue un debate insípido de propuestas concretas a un electorado que el Domingo 27 de octubre definirá quién será el presidente de la Argentina, en base a sus situaciones personales y a la confianza que depositen en las promesas electorales que viene haciendo cada candidato.

Hay que agregar que el documento Programático del PJ, es de índole político y en su contenido se puede vislumbrar que mantiene las grietas abiertas entre peronismo y antiperonismo, lo que conllevará a difilcultar acuerdos necesarios entre partidos y sociedad, que posibiliten salir de una crisis que para 2020 se insinúa más compleja, porque va a comenzar con ajustes fiscales y conflictos sociales que pueden poner en jaque la gobernabilidad.

Esperemos, por el bien del país y quienes lo habitan que lleguen a un consenso básico, para construir el país que todos merecen -no unos pocos privilegiados- y donde la corrupción sea severamente penada, como la venalidad de muchos jueces que debieran contribuir a construir futuro y no a generar incertidumbre con sus acciones poco claras a favor de una u otra posición ideológica.