Columna de opinión: Mgter. Jorge A. De Gioia

Hasta el momento los dichos del presidente electo (2019 -2023) Alberto Fernández lo llevan a generar importantes ríspideces con Estados Unidos, Brasil y con Bolivia, cuestiones que en los dos primeros países no se olvidan. En referencia a las relaciones internacionales con Argentina, le va a costar que el Departamento del Tesoro Norteamericano no le brinde apoyo ante la renegociación del pago de la deuda externa y que el Fondo Monetario Internacional no haga ningún desembolso, sin antes asegurarse de tener firmes garantías de que van a cumplir sus condiciones para una reestructuración donde si llega a haber una quita, la recuperan con los intereses.

En cuanto a Brasil, ya Bolsonaro inicio la guerra comercial con el trigo y perjudica a Argentina, también le seguirán las mermas en compras de autopartes y otros insumos, que terminará mermando la economía Argentina y a la vez el ingreso de dólares vía exportaciones.

En cuanto a Bolivia, ya anuncio el menor suministro de gas por el momento debido al bloqueo de sus plantas productoras, aunque si tras una nueva elección en ese país gana el poder del Estado un grupo de derecha, Alberto Fernández va a tener un problema externo, que su inexperto en RR.EE. y posible designado Canciller Ing. Agrónomo Felipe Solá, no va a poder resolver.

No solo en el plano de política internacional se le presentan problemas de antemano y se le cae su utopía de liderar un movimiento Latinoamericano de mayor equidad, inclusión social y justicia, cuando en su propio país ya preanuncia un fuerte ajuste fiscal, sin achicar el gasto público, donde se cuenta volver a las retenciones al campo y a un esquema de impuestos a las ganancias que golpeara a la clase media y media baja -no a los jueces- y a una economía con emisión monetaria que en muchos casos va a activar un poco el consumo y el mercado del dólar marginal, sin bajar la inflación, la que seguirá su curso, aunque con guarismos no visibles ante la probable nueva manipulación del INDEC.

En una economía que se va a volver a cerrar al mundo, la deuda interna va a ser impagable y seguirá perdiendo el sector asalariado y difícilmente se puedan bajar los indices de pobreza e indigencia en el corto plazo.

Las tarjetas “para el hambre cero”, no se sabe a ciencia cierta quienes las van a recibir y como van a ser determinados, se estima que seguirá la cadena de alimento a la corrupción, a través de variados dirigentes de movimiento sociales y piqueteros y solo servirá en un primer momento para ir generando gobernabilidad.

Otro tema preocupante para la sociedad es la actuación de una Justicia que se acomoda al gobernante de turno y por la cuál personajes como Daniel Scioli y varios que lo acompañaron en su gobierno, en hechos de corrupción comprobados, puedan quedar libres con procesos que se cierran en forma sospechosa. A ello se puede agregar Milagro sala, Julio de Vido y muchos otros que van a ir por venganza, como Luis D’ Elia o Hebe de Bonafini que incita a ella, cada vez que habla, transformando la “grieta en una zanja”, dónde pueden caer ellos mismos.

Mientras esto sucede antes de la asunción del mando, los capitales siguen su fuga del país y se comienzan a incentivar juicios de Bonistas a los que en el gobierno de Kirchner no le pago lo que correspondía, al alterar el verdadero crecimiento del PIB.

Fernández y Kiciloff van a recibir el mismo desastre económico que recibió Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, aumentado por los errores económicos de Macri que lo llevo a perder el gobierno y esta generando la ruptura de la ex- Alianza CAMBIEMOS con la UCR, que no acepta un liderazgo único, sino que cada uno se haga cargo de su propio partido político.

Todo lo mencionado es indicador de que se va camino nuevamente a un gobierno que va a aplicar las mismas recetas del pasado, afectando los presupuestos de la Fuerzas armadas, de Seguridad y Policiales Federales y sus capacidades operativas, en especial las del combate al crimen organizado y al narcotráfico, los que ya asentados en nuestro país van a tener mayor auge.

Con una Economía Productiva Desequilibrada, el país no va camino al fortalecimiento de la Industrialización necesaria para ser competitivo con lo internacional, ni tampoco para absorver mano de obra, porque requiere dólares para sus insumos productivos que son importados, con los que no se cuenta, como también mano de obra barata en su inicio, para poder ser productiva a largo plazo.

El problema económico nacional también va a afectar la coparticipacion a las Provincias y a los Municipios, éste último, primer mostrador que atiende las problemáticas locales y que tampoco va a poder avanzar sustancialmente en la generación de la infraestructura necesaria e imprescindible para una mejor calidad de vida en cada uno de ellos. Tampoco van a tener inversiones extranjeras prometidas, ni van a poder generar sustanciales fuentes de empleo, si no se bajan impuestos y se reactiva el comercio, lo que por el momento Fernández no tiene en su agenda de gobierno, ni tampoco ningún Intendente.

Toda la población Argentina, va a sufrir nuevamente las consecuencias de los desastres económicos que se arrastran de varios gobiernos nacionales cuyas deficientes gestiones, hacen que nuevamente se los utilice “para poner el hombro”, como si nunca lo hubiesen puesto, tirándose durante años sus sacrificios por la borda.

Hay que ver si en el 2020/21, el 40% de “muy hijos de puta” que como los cataloga Bonafini, más el sector del medio que define siempre las elecciones hacia un lado u otro, no terminan saliendo a la calle para defenderse sus intereses, si las políticas a implementarse los vuelven a afectar. Por el momento el gobierno que dirigirá el país a partir del 10 de diciembre da señales confusas al interior y al exterior, de cuales van a ser sus principales medidas de política económica e internacional.

Esperemos, por el bien de todos, que esta visión cambie y Argentina en su conjunto pueda salir del problema en que hoy se encuentra, sin repetir viejas recetas que terminaron siempre mal.