Los lineamientos de política económica fijados por el gobierno de Alberto Fernández, basados en la herencia recibida de Mauricio Macri, tales como inflación, deuda externa, procesos recesivos, desocupación, cierre de empresas, precariedad y pobreza en ascenso, a lo que sumo la escasez de dólares para enfrentar una corrida no ha sufrido cambios sustanciales a la fecha.

Se han seguido aplicando recetas económicas del pasado, ampliadas actualmente por el cierre de la economía y un nuevo corralito sobre el dólar, con una baja importante en la tasa de interés que deben otorgar los bancos a sus ahorristas, sumado a los gastos que demanda la lucha contra el Coronavirus, para lo cual se amplia la base monetaria emitiéndose mensualmente millones de pesos sin respaldo, lo que nos lleva a un periodo macroeconómico más complejo sin posibilidad de salir del mismo, al cerrarse las puertas de todo financiamiento internacional, máxime que el país, al no abonar los intereses de la deuda y obrar en forma unilateral, entró en default, corriendo además riesgos de que los acreedores le inicien juicios en Nueva York en caso de no haber cambios en la propuesta.

Ese panorama de incertidumbre en lo externo y lo interno, genera que la gente y las empresas busquen respaldo en un dólar blue que se sitúa en $ 120 y que va presionando sobre el dólar oficial a la suba. El “corralito” no tiene efecto alguno, al no poderse sacar pesos de circulación y ello genera la demanda de dólares en la bolsa de valores o en el mercado marginal.

A su vez, la depreciación del peso argentino y la caída de los índices de actividad productiva, hace que los insumos se midan en dólares, con el consiguiente aumento de precios en casi todos los rubros, algo que en poco tiempo más el gobierno no va a poder controlar.

La directiva a los Fondos Comunes de Inversión de vender dólares, no dio el resultado esperado y el blue, el dólar bolsa y el contado con Liqui, siguen presionando al gobierno.

Lo que sucede en la economía argentina, es causa del arrastre de los errores de Cristina Fernández y de Mauricio Macri, ocho o nueve años de malas políticas económicas no se solucionan en uno o dos años. Seguimos débiles en importantes sectores contribuyentes al Producto Bruto Interno, no tenemos política industrial ni tecnológica y no logramos ser competitivos ni siquiera con algunos de los países limítrofes como Brasil. Encima queremos manejar los convenios unilaterales de otros países del MERCOSUR, generando nuevos conflictos externos, sin tener en cuenta que es el espacio Latinoamericano que más ingresos nos genero durante años.

No se ha frenado la fuga de capitales y menos la especulación financiera, a través de la Bolsa de Valores. Se sigue incrementado a tal punto la base monetaria con el fin de evitar conflictos sociales, que los U$S. 43.750 millones de dólares que posee el BCRA actualmente están comenzando a disminuir por las ventas que debe efectuar para mantener estable el dólar marginal, lo cual tampoco puede dominar, menos cuando bajo la tasa de interés a los ahorristas por debajo de la inflación (negativas).

El cierre de empresas, las altas tasas de interés que cobran los bancos en los préstamos que deben otorgar y el periodo recesivo y baja de la productividad que genera la pandemia de coronavirus, provocan baja de salarios, desempleo, mayor pobreza (se ubica hoy en un 36%), indigencia, incesante fuga de capitales, mayor recesión al corto plazo y un camino marcado hacia una inflación que se puede ubicar según varios analistas en un 55% a 60% anual.

Si bien se generó obligatoriedad de ingreso de divisas de exportación al mercado de cambios local y de los límites para la formación de activos externos con recursos locales y en forma paralela se estableció también un impuesto a la compra de divisas con destino al atesoramiento y al pago de servicios de turismo y viajes al exterior, tampoco esta dando el resultado esperado, al ser retenidas las divisas de exportación a espera de una mayor devaluación del peso.

No se logra hasta el momento estabilidad monetaria por parte del Banco Central de la República Argentina, estando ya la inflación de marzo en 3,3%, la interanual proyectada en 48,4%, la esperada de 39,5% en los próximos doce meses ya ha sido superada por la realidad, al igual que el tipo de cambio que se va moviendo lentamente hacia arriba, sin que se pueda contener mucho tiempo con reservas en U$S. al ser estas necesarias para mantener un piso de valores monetarios que permita volcar recursos en la faz interna, toda vez que las previsiones que se tenían sobre la producción de Vaca Muerta con la caída internacional del precio del petróleo y un panorama internacional complejo, han cambiado y resultan un revés para el gobierno argentino y para las empresas que invirtieron en ese sector.

El panorama económico se va asimilando a la crisis del año 2002 y no se ve que en algún punto esto pueda cambiar, menos con una economía paralizada a nivel país.