BOLIVIA: Colapso de la atención sanitaria, pobreza y abandono, el drama social que afecta a muchos bolivianos

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Fuente (ANF)

“Mi mamá se muere, ayúdenos por favor”, implora Luis de 21 años, quien desesperado relata que su progenitora Marina Flores de 39 años, que tiene nueve hijos, el menor de 8 meses, está postrada en su cama desde hace un mes a causa de una complicación en su salud que no puede ser atendida por falta de espacios en los hospitales debido al colapso que se registra por la pandemia del coronavirus (Covid-19) que azota al territorio nacional.

Con la voz entrecortada, Luis cuenta a ANF, que la enfermedad comenzó a atacar a su mamá hace más de dos meses, primero le dio un fuerte dolor de cabeza, pero por falta de dinero dejó pasar la molestia. Días más tarde, cayó enferma por un malestar en el estómago. Sus hijos le rogaron que vaya a un médico y así llegó al hospital Holandés, donde le dijeron que tenía gastritis y problemas en la vesícula; allí estuvo dos semanas, su situación se complicó y buscó otro nosocomio, pero no había espacio.

Fue derivada al hospital Los Pinos en la zona Sur de la ciudad de La Paz, ahí le hicieron una tomografía que detectó que tenía dos venas “reventadas” en la cabeza. Pese al diagnóstico, Marina pidió su alta porque le preocupaban sus hijos, cuyas edades van desde los 21, 15, 13,11, 10, 6, 3 hasta un bebé de apenas 8 meses, que necesitan de su cuidado y amor.

Su situación empeoró, cuando su pareja Silvio Tola Quispe, y padre de los niños la abandonó, dejándola a su suerte y sin alimento para sus pequeños. Hasta ahora no se sabe de su paradero. Luis dice que el hombre prometió regresar, pero hasta la fecha no hay rastros de él. Agobiada por la situación económica de su familia, la salud de Marcelina comenzó a decaer y hace un mes perdió el habla y la movilidad de su cuerpo.

Desde esa fecha, permanece postrada en un viejo catre, sus hijos la alimentan con lo que pueden. “No se mueve ni habla, solo lágrimas le caen de sus ojitos”, relata Luis, quien recuerda que su mamá siempre luchó por ellos y antes de enfermarse, salía desde muy temprano a vender refrescos hervidos, deambulando por las calles y ferias de la ciudad de El Alto, donde vive junto a siete de sus nueve retoños, dos decidieron irse con su abuela paterna.

La familia habita un pequeño cuarto, en una vivienda que cuidan hace mucho tiempo. En el patio de tierra, improvisaron una cocineta con maderas y plásticos.

Desde que enfermó Marina y el inicio de la cuarentena, la situación de la familia es dramática, viven de la caridad de sus vecinos y algunos días no tienen con qué alimentarse, la ayuda gubernamental nunca les llego.

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