Si cabía alguna duda, esta se va disipando cada día, en principio no pueden controlar el contagio de Coronavirus, a pesar de los cuatro meses que mantienen cerrada la actividad económica y generan el encierro de personas de toda edad, en sus domicilios, bajo pena de prisión, multa o decomisos y cierres de comercios.

No han sabido de entrada apelar a la responsabilidad de cada uno sin establecer un Estado policial y un Estado Corporativista que en las mejores épocas de Mussolini, conseguía que cada ciudadano denunciara al otro y así los ejecutaban.

El nuevo decreto presidencial no solo establece aplicar normativas penales -lo que le esta prohibido al ejecutivo- sino que además avanza sobre las libertades individuales, esta vez metiéndose en cada hogar y en el cercenamiento de las autonomías provinciales, a quienes busca hacer adherir a una medida que solo sería aplicable en el AMBA, dónde se generan los mayores contagios del COVID-19.

También impide la circulación al bloquear las tarjetas SUBE de los “no esenciales”, que en general son aquellos que van a un cajero a retirar dinero o a un lugar donde puedan comprar alimentos, lo más barato posible.

Algo falla, cuando cada día se aplican nuevas medidas de restricción a la población en general. Este país lo siguen hundiendo económicamente al no tener un rumbo claro, lo único observable es que apareció un inepto al que hay que echarle la culpa, hasta cuando viaja. Ese es el facineroso de la película, no el Alberto que en otros tiempos condenaba los actos de corrupción, el asesinato de Nisman, el Pacto con Irán, etc. y hoy los intenta tapar desdiciendo su propia historia a cada momento. El poder le nubla la visión o es un títere, cuyos hilos los maneja Cristina Fernández a su gusto y antojo.

Vamos camino a la impunidad total con el avance sobre la Justicia y en especial sobre el aumento de miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, tal como lo hizo Carlos Menem en su momento, nada de lo que Alberto Fernández expresa es lo que en realidad piensa hacer.

Parecería que ampliar la cantidad de Juzgados Federales es algo bueno, democratizante para una justicia que no funciona como debe, sin embargo bajo lo bueno esta lo malo, que es la postulación y el nombramiento de estos jueces, que van a ser los que estén más cercanos al poder actual- como lo estuvo el obediente Carnicoba Corral al que dejan ir sin procesarlo o como lo esta María Romilda Servini de Cubría y muchos otros.

No le sacan poder a los jueces de Comodoro Py como se dice, porque las causas sensibles las tienen ellos, no se redistribuyen. Estos jueces las mueven y las paralizan o emiten sentencia cuando se les canta, sobre ellos no hay ningún otro poder del Estado, responden fielmente a algunos del Consejo de la Magistratura y siguen protegidos.

Los Tribunales superiores no intervienen y el Poder Legislativo con Sergio Massa a la cabeza, miran para otro lado (Massa también se dio vuelta, hoy es un fiel Kirchnerista por cargos políticos para él y su familia).

Con políticos como los nombrados el país va a seguir en declive y la “masa” como la llamaba Perón en sus escritos, va a continuar en la pobreza y atada por los nudos invisibles que emanan de un poder que se introduce en todos los ámbitos.

La única salida esta en las elecciones legislativas de 2021, con un movimiento de votos expansivo, desde abajo, que genere de una vez la expulsión del poder de todos aquellos que llevan años en sus cargos enriqueciéndose a costa del sufrimiento de todo un pueblo y deshonran sus cargos al defender la inmoralidad, a los corruptos confesos y a quienes se robaron algo más que un PBI.