Zulma Olivetta, después de varios años ha decidido contar como transito su periodo en la Secretaría de Cultura del Municipio Varelense, con la finalidad de que se conozca su quehacer, que es parte de su historia de vida y porque no decirlo también de su esposo Roberto Cesán que estaba a cargo en ese entonces de la Casa de la Cultura.

Varias personas pasaron por la Secretaría de Cultura Varelense ¿algo habrá cambiado con Julieta Pereyra, cuyo papá la sitúo en el cargo o se siguen copiando programas y gastando más que antes trayendo a historiadores de cierto renombre?

De ZULMA OLIVETTA: “RACONTO BREVE”.

Estos son algunos punteos sobre mi paso por la cultura de Varela. Brevemente contados, ni quieran pensar cómo serán las historias detalladas. Murgas: Aconsejé y expliqué las posibilidades y el reconocimiento de la cultura local. Usaron partes de mi proyecto, pero me fueron empujando afuera, usando a algunos empleados de poca imaginación y muchas ansias de poder, para desprestigiarme.

Sometieron con bajeza, presiones y amenazas a varios profesores, involucrando a la persona del intendente, utilizando la frase “como le gusta o no le gusta a Julio”, para perpetrar sus caprichos. El resultado fue una horma de zapato, una desesperada copia del carnaval de Gualeguaychú, que a su vez tiene notorias reminiscencias en su ejecución y en su creación, con los carnavales brasileros. La tradición que ya existía en Varela, de comparsas y murgas (propias de la cultura rioplatense), amen de la obra teatral “La patriada” que involucraba un espectáculo de bombos y redoblantes, quedaron desplazadas por la exhaustiva copia de modelos ajenos.

Mientras la destrucción de la cultura propia de la gente se perpetraba, se dibujaron boletas, desviaron fondos y cuando fueron denunciadas armaron una sanción disciplinaria, que dicho sea de paso, llegó justo cuando pedí mi última reconsideración escalafonaria y fue levantada por falta de mérito, cuando ya estaba en edad de jubilarme. El resultado es que hoy el pueblo de Varela se lamenta por no tener corso. Ni los que existían a partir de la voluntad popular, ni el inventado y aplicado a papel carbónico. Algo que ocurre siempre que se desplaza la cultura local para dar cabida a culturas ajenas.

Tarumá literario: Realicé el primer encuentro para LOS VECINOS, no para mí, como hicieron otros de dudoso talento e intenciones comerciales y de prestigio personal, que fueron bien tratados, mencionados y considerados en primer lugar, cuando fueron un brote posterior al Tarumá. Actualmente algunos tienen lugar de preferencia en la Feria del Libro, mientras que a mí no se me invitó, a pesar de ser presidente de una Institución Civil y habiendo escrito cuatro libros (que pagué de mi bolsillo). No me consideran escritora. El Tarumá literario editó 18 antologías como parte del accionar Municipal, en el publicaron 300 vecinos de Varela, entre los cuales hay gente de gran talento, y otros son solo aficionados: Algunos dieron allí sus primeros pasos, para luego irse a la vereda de enfrente para tirar piedras. Algo que en otro lugar y otros tiempos podría podría llamarse “inclusión”, llegó a oídos del intendente como “banda de viejas locas” y gente desprovista de conocimientos y condiciones. La pobre niña a quien nombraron Subsecretaria, cumpliendo órdenes vaya a saber de quien, y titulándose “politóloga”, dijo que el movimiento “no era municipal”. Se le escaparon varios conceptos jurídicos que hacen a usos y costumbres, la obligatoriedad de enviar el ejemplar para ser corregido por los expertos en difusión de la municipalidad y la presentación durante casi veinte años como área de literatura del municipio varelense. Además, se permitió calificarme de “necia” y de “mentirle a la gente”, sin que le importaran demasiado ni mis años de edad ni los de antigüedad en la administración pública. No discutí, la dejé a esta pobre piba, pensando que es muy hábil para destruir en minutos lo que llevó años construir.

Pero si el Tarumá no era municipal, no sé por qué debía obedecer a una jovenzuela sin conocimientos de la cosa y me fui. Los que se quedaron, lo hicieron, algunos pensando en sacar tajada y otros, con una inocencia que no es virtud, pensando en preservar un espacio que no habían creado, siguieron al pie, obedeciendo órdenes de quien no sabe darlas. El resultado fue que se hizo una entidad regulada por el municipio, “Raíces del Tarumá” (no son las raíces, son las ramas caídas) su publicación costó $ 28.000, no se sabe con cuántos ejemplares de tirada, mientras que el presupuesto que yo había pasado era de $ 12.000 por 1000 ejemplares. Algo realmente ejemplar, no? .

El libro que podía estar en todas las bibliotecas escolares y populares, ahora duerme en algunas bibliotecas particulares de los obsecuentes seguidores de la flamante e inmediatamente depuesta subsecretaria. El gatito blanco, cuya pata se usa para sacar castañas del fuego.

Teatro: Llegué a Varela como asistente técnico de la Provincia de Buenos Aires, y como tal ayudé en la presentación de obras que marcaron el inicio de la democracia: “La pasión según San Juan”, “La Patriada”, “El Pesebre de la Esperanza”. A otros que tuvieron una participación menor en estos eventos de magnitud se les reconoció, a mi no. Fue después de tres años de trabajar sin sueldo municipal, que me otorgaron horas cátedra, y continué con el trabajo de expresión corporal, agregándole el teatro por pedido de los alumnos y sus progenitores. Presenté un gran número de obras de teatro de mi autoría, de autores nacionales y extranjeros y de creación colectiva. Sin embargo, a oídos de distintas autoridades que fueron pasando por cultura, llegaron las expresiones de “Zulma hace siempre lo mismo”, o “improvisada” (hago teatro desde los 14 años, poseo conocimientos y experiencias como asistente de dirección previos a mi desempeño en Varela junto a figuras de prestigio nacional como Alfredo Alcón, María Rosa Gallo, Olga Zubarri, Claudio Levrino, Oscar Ferrigno), o “lo que hace Zulma no vale gran cosa”.

Obviamente, quien haya dicho esto, pretendía elevarse por encima de mis antecedentes, para obtener cargos que no están para nada de acuerdo con sus conocimientos y trayectoria. Para culminar la trastada, se nombraron 40 ”talentos” a razón de $ 4000 per cápita, cuando a los elencos que funcionaron bajo mi conducción nunca se les dio dinero ni para el vestuario, y al elenco formado por Cesán, se le abonaron unos $ 800, un par de meses y sabemos que surgieron de la buena voluntad y bolsillo del entonces Secretario de Cultura, un médico que todavía está tratando de entender para qué lo pusieron en ese lugar. Una excelente persona, que intentó ser respetuoso pero no le dieron tiempo para generar algo.

Administrativo: Me avalan conocimientos administrativos por tareas desempeñadas antes de mi llegada a Varela. Tuve un cargo jerárquico otorgado durante el gobierno constitucional del Dr. Campora. Dicho cargo significaba tareas jurídico administrativas de relevancia, tal como supervisar el patrimonio de los funcionarios al acceder , dejar o ascender en sus cargos. Conozco el trámite administrativo y el judicial, he organizado oficinas y obtuve una experiencia adicional al realizar el fichaje de libros de la Biblioteca jurídica de la Fiscalía de Estado provincial. Frente a un personal díscolo, con escasos conocimientos y terribles problemas de salud que los obligaban a estar con licencias médicas de hasta dos años de duración, colaboré con la conducción de cultura en la confección de decretos, notas y otros trámites. En ese sentido, me ha costado mucho aceptar autoridad por parte de personas que carecen de los conocimientos mínimos para ejercerla, y en ausencia de estos, utilizan las presiones, desplantes y actitudes indecorosas para demostrar que son “tus superiores”, cuando en realidad están dominados por sus sentimientos de inferioridad y miedo.

Es bastante común que estas personas se nieguen a hablar pues saben que en una conversación de ideas lógicas, pierden con seguridad. Entonces apelan a los gritos, o al… nunca faltante “a Julio le gusta, a Julio no le gusta”.

Difusión: Es algo para no dejar de lado. Cultura nunca contó con personas idóneas para esa tarea. Cuando no se trataba de atender ambiciones personales, eran las cuestiones de salud las que impedían que el trabajo fuera consecuente y organizado. Las actividades no se enviaban a tiempo a la oficina centralizadora de la difusión, y cuando lo hacían, no había papel, o tinta o estaban empeñados en actividades “más importantes”. No había modo de equilibrar el asunto, ya que un empleado tiraba para su proyecto individual, y la otra intentaba poner orden, pero se frustraba ante la enfermedad de un familiar que necesitaba su atención inmediata o ella misma caía víctima de accidentes y síntomas que culminaron con su muerte. Aparte de esto, no aceptaba consejo alguno, pues creía que esto iba en detrimento de su autoridad y rechazaba cualquier ayuda que se le ofreciera por la misma razón. La difusión estaba al garete, por decirlo de algún modo.

Es irónico pensar en hacer difusión a escondidas, pero comencé a hacerlo: empecé a confeccionar carteles, gacetillas e informaciones, con la cooperación de otros empleados que amaban su tarea, nos embarcamos en un proyecto muy lindo, la revista “La Galera”. Comenzamos con 50 ejemplares, y al año tuvimos que hacer 500. Las maestras venían a buscarla, y la utilizaban como material para trabajar en el aula. Y otra vez, la misma historia. Los que deberían haberse ocupado del asunto, y no lo hicieron por desidia o por malicia, o por la eterna queja de falta de dinero, tiraron petardos a fin de desintegrar el proyecto. Llegando al punto de llamar al intendente y un funcionario que se encontraban en México en un Congreso, para fantasear con el hecho de que “la revista habla mal del barrio del Intendente”. Se les ofreció a estas preocupadas funcionarias que escribieran un artículo defendiendo las actividades que se llevaban a cabo en dicho barrio, pero no sabiendo hacerlo, ni teniendo a mano a nadie que lo hiciera, determinaron el cierre de la revista.

Un pequeño aporte a difundir el accionar del Municipio desde el área de cultura. Pero la envidia de unos, la credulidad de quien no debiera haberles creído, y la blanda resistencia ofrecida, tiraron todo a la basura. En medio de eso, iba mi tarea, a oscuras, sin mostrarme demasiado, para que otros se llevaran el mérito.

Cargo: ¿Y que sucedía mientras tanto? Gente que había comenzado después que yo, gente que no aportaba nada diferente, sin conocimientos, sin antecedentes en sus oficios, sin capacidad organizativa, y sin más militancia que exclamar frases melosas y alabanzas desmedidas, endiosamientos llenos de hipocresía con poco o ningún contenido ideológico, eran distinguidos con cargos de conducción, sin tener en cuenta que al no tener sustento en ideas claras, sino en órdenes y deseos de un superior al que no se conoce personalmente, llevaron a errores organizativos, y a la creencia generalizada de que “Pereyra es un déspota”. Para mí no hubo cargos ni distinciones: trabajo, maltrato, robos reiterados de objetos personales, boicot a mis tareas, zancadillas de toda especie y el peor de los pecados que es no sustanciar ninguna de las notas que presenté por vía jerárquica y por ventanilla de mesa de entradas. Sí, es un hecho que configura “abandono de persona”, “Discriminación”, “abuso de poder”, cuando el único trámite que se sustanció, no fue ninguno de los varios que debieron tramitarse a partir de mis notas presentadas.

El único que se tramitó con carácter de urgencia, fue el mamarracho administrativo de la sanción originada en una calumnia de una empleada de baja condición humana, que no vaciló en “apretar” a sus “subalternos” para que firmaran como testigos de un hecho que no vieron y que jamás pudo haber sucedido tal como lo describe la infame presentante, que por supuesto obtuvo cargos de jerarquía y a quien se le encomendaron tareas importantes, que resolvía diciendo lo de siempre “Julio quiere, Julio no quiere”. ¡Y pensar que cuando ella robó, no la denunciamos por lástima!.

Mientras tanto, uno es el testigo peligroso que debe ser descalificado; a mayor responsabilidad, menor cargo. A mayor capacidad laborativa, menos sueldo. A mayor ética, menos prestigio.

Hija: Fue motivo de muchas calumnias el hecho de que mi hija trabajara en la Intendencia. Sin embargo, yo no fui nunca a pedirle un cargo al intendente para ella. El nombramiento se le otorgó por influencia de la entonces directora del Hogar de Ancianos que necesitaba una profesional universitaria (mi hija es psicóloga recibida en la UNBA), y casi un año después el intendente se interesó por su tarea y la envió a trabajar con la Directora del “Termo Joven”. Posteriormente, pasó a desempeñarse en Personal. No vino a “robar un sueldo”, como dijo alguno, sino a aportar sus conocimientos y proyectos, alguno de los cuales significó una importante suma de dinero aportada por una fundación, para desarrollar el “Proyecto Arcoiris”, de capacitación de gente de los barrios.

En fin, una persona útil, con inteligencia y condiciones. Por supuesto que estoy agradecida porque siempre se la trató bien y se la respetó como persona; igualmente, se depositó confianza en ella y nunca la defraudó. Nunca utilizó esa confianza para “chapear”, obtener réditos personales u otra prebenda, como han hecho tantos que gozaron de la confianza de la autoridad máxima.

Militancia: Este es un párrafo muy interesante, porque al llegar a Varela, dejaba atrás un largo período de persecuciones y malos ratos que me acarrearon mis vínculos con la militancia popular. Los militantes que encontraba acá, en su mayoría, al ser más jóvenes, habían pasado los peores años de la historia Argentina en la escuela primaria. Asustados y reprimidos, claro, pero sin conciencia clara de qué era lo que sucedía. Uno en cambio, había pasado allanamientos, prisión y diversas persecuciones. Acoso laboral, discriminación, postergaciones, desplazamiento de tareas y degradación en el campo laboral con las correspondientes disminuciones de salario. De manera que al aparecernos en este rincón, interpretamos que había llegado la paz, que el País nos devolvía en estos pagos, todo lo que habíamos sembrado en nuestra primera juventud, entre amarguras y pérdidas varias.

Los tiempos no nos parecieron para presentarnos en asambleas hablando de las cosas, sino que era el momento de “hacer las cosas”, y nos pusimos manos a la obra. A recomponer lo que se había perdido, a ayudar a los que más necesitaban. Desde lo que mejor sabíamos hacer: ARTE. Era lo que correspondía, pero pronto fuimos hechos a un lado por los que pretendían ver su nombre y su foto en las paredes, para ocupar los lugares de conducción que modestamente, humildemente, les ayudamos a ganar. Total nosotros ya habíamos recibido los golpes, y era hora de que los más jóvenes aprovecharan los espacios conquistados.

Y ahí estábamos en el tren de “Hacer las cosas”, lo que había que hacer, y que precisaba claridad ideológica. Porque no dudamos que la falta de claridad ideológica fue la que llevó a tergiversar la cultura de manera tal que el deseo popular se encauzó equivocadamente, llegando a pelear por lo que no desea, por lo que va en contra de sus costumbres y en lugar de hacerlo crecer, lo brutaliza. Al final, nos persiguieron como si fuéramos la contra, y nos postergaron como a subversivos del nuevo orden que para el beneficio propio algunos quisieron imponer. ¡Y cuántas cosas más! Todas las cosas que nos vamos tragando, porque “ no es el momento” y “ahora hay que…”, y “hay problemas más importantes que resolver”, y “ya vendrán tiempos mejores”.

Y mientras vemos cómo otros se enriquecen desmedidamente, cómo los que están en falta nos obligan a retroceder en nuestros proyectos, cómo cuando obtenemos nuestros pequeños logros, recibimos un castigo o nos arrancan un pedazo… ¿De qué estoy hablando? Ejemplos: Cuando se organizó la “Casa de la Cultura” como espacio de talleres y encuentro para el pueblo, lo nombraron a Marcelo Paiva, un joven de 24 años que pasaba por un desequilibrio de salud, Director de Cultura; hicimos nuestra primera presentación en la Feria del Libro, y la nombraron a Margarita Serafini Secretaria de Cultura. Una directora de escuela desprovista de visión de conjunto y alternativas de educación por el arte.

A una señora de la que no se puede hablar sin decir groserías, se la nombró Directora General de cultura, y ambas, nombraron a Cris Vázquez –una sociópata- como jefa de Departamento de artes Plásticas. Luego de varios desmanes cometidos por este grupo, se las obligó a renunciar, y se reflotó la Casa de la Cultura. Dada la preponderancia del área de tango y folclore, en sus aspectos de música y danza, se organizó con gran esfuerzo de profesores y alumnos, la realización de un evento de magnitud: “Varela a todo tango”; en compensación se partió de un hachazo la Casa de la Cultura, fundándose un Instituto (posiblemente una adaptación de un proyecto que presenté y no supieron interpretar) y se le otorgó la mejor parte a alguien con poca instrucción y desprovisto de capacidad de liderazgo. Ignoro qué virtudes tiene o qué favores se le deben pagar.

Igual, nos recompusimos y hasta nos las arreglamos –con ayuda de la Provincia, no del municipio- para hacer una película. Entonces, la augusta Secretaria de Relaciones con la Comunidad lo llamó al Director de Cultura y le avisó que le quitaban el cargo. En su lugar se nombró a un muchacho con cargo de Subsecretario, que no sabía dónde estaba pisando, aunque se las arregló bastante bien. Los viejos empleados de la Repartición siguieron haciendo las cosas en el mismo carril donde antes se habían hecho. Pero la fantasía de no se sabe quienes, quedó satisfecha creyendo que se habían librado, aunque sea de nombre de nuestras molestas personas. Aceptamos la situación y el muchacho en cuestión comprendió que no éramos mala gente, así que se nos permitió seguir trabajando hasta finalizar nuestro ciclo.

UN DETALLECITO: podría haberme jubilado a los 59 años, por un decreto provincial que otorgaba la jubilación a las personas con esa edad, que tuvieran antigüedad; pero ahí fue cuando caí en la cuenta que NUNCA HABÍA LLEGADO A TENER UN AÑO DE PERMANENCIA EN MI MEJOR CARGO, PORQUE ERA UNA CONTRATADA SIN ESTABILIDAD. Así que me jubilé, luego de varias peticiones –que nunca fueron contestadas- con un cargo de técnico 1, que creo que pasaron de contrabando en un listado donde figuraban otras 40 personas, y que comenzaba diciendo “luego de haber cumplido más de 6 meses en el cargo, pasen a planta permanente…”VERGONZOSO… No para mí, sino para los que trataron de hacerme desaparecer.

Me jubilé a los 67 años de edad. Y todavía quieren que esté agradecida…entonces, llega la hora en que hay que decir lo que uno vino callando tanto tiempo, por respeto a quienes no lo respetaron a uno, por consideración a que los problemas eran muchos y uno no se consideraba lo más importante… aunque visto desde otro ángulo, soy humana y merezco respeto, como cualquier anciano, como cualquier discapacitado, como cualquier trabajador…Creo que el no ser escuchada, y que no se hayan substanciado mis peticiones es un hecho grave.

Creo que el acoso laboral que he sufrido debe tener alguna reparación, aunque sea en las palabras de quien fue utilizado como mascarón de proa para acometer en mi contra, usando aquel famoso “a Julio le gusta, a Julio no le gusta” o “yo hice lo que me ordenaban”, o “no me quedaba más remedio que obedecer órdenes”. Algo que conocimos los que trabajábamos en el estado en épocas de autoritarismo y represión. Pero igual, nadie se atrevió a mandarnos a reprimir ni a maltratar a nadie, porque sabían cuál sería nuestra respuesta; se obedece hasta donde la conciencia pone el límite. Otra cosa son los que disfrutan cumpliendo ciertas órdenes, tergiversándolas para cumplir sus nefastos gustos personales. La obediencia debida es pus en el tejido social. Es inquietante mi modo de pensar, pero no por ello menos bueno. Ahora bien, ¿Cómo llegar a dónde se debe llegar si todo está trabado por un nefasto orden jerárquico que no permite que el que piensa se exprese, mientras que los canales están abiertos para chusmas, obsecuentes y gente con intereses mezquinos? . Sé perfectamente que el que ha querido ha hablado con el jefe del municipio. Es más, algún compañero, cuando le comenté mis problemas me dijo: “¿Lo hablaste con Julio?”.¿Dentro de qué cascarón está metido Julio, que muchos de nosotros nunca podemos dirigirle la palabra y nos vemos obligados a publicar lo que pensamos en cualquier medio, a ver si somos oídos o leídos?. Así están las cosas. Como última reflexión dejo el pensamiento de que no me hace mucha gracia contar todas estas cosas, porque como siempre, estamos pasando momentos difíciles. Porque recordar, es triste. Pero alguna vez, a la autoridad le preocupó que las cosas estuvieran siendo difíciles y muy tristes para mí?

Zulma Olivetta