“PRECIOS JUSTOS” UNA BROMA DE MAL GUSTO PARA UNA POBLACION EMPOBRECIDA QUE APENAS TIENE RECURSOS PARA SUBSISTIR

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Otro anuncio rimbombante de un Ministro de Economía, que no es economista, que trata de engañar a toda la población argentina, aplaudido solo por algunos Intendentes que buscan plegarse a un discurso falaz, como lo hacen con los controles de precios a los supermercados chicos que no son ni formadores de precios ni los causantes de la inflación descontrolada que tiene la República Argentina.

El control de precios no funciono nunca y solo ha sido eficaz durante un corto lapso de tiempo y dura lo que un huevo en una canasta. Eso sucede porque las grandes empresas al no tener acceso a los dólares que este gobierno promete para importar materias primas, producen menos, no proveen como debieran y aumentan sus precios, cuando no es por el costo del envase es por cualquier otra cuestión, multar a pequeños comercios locales como hacen muchos Intendentes es un error.

La inflación no es autoconstruída en la mente de nadie, tenemos un Presidente que no sirve, que no tiene poder alguno y que miente en cada momento que puede, lo importante es que la “derecha” no gane las próximas elecciones.

La causa fundamental es la gran emisión monetaria que devalúa el peso argentino y causa inflación, pero a la vez es la contradicción de un gobierno que “quiere controlar” y permite aumentos todos los meses de los combustibles, la medicina prepaga, las telefonías en todos sus tipos, las señales de cable y todos los aumentos selectivos que al usuario se le ocurra, como el del transporte público, intentando poner límites a los aumentos de salarios y ajustando especialmente por los haberes jubilatorios, total “los viejos” no tienen representatividad alguna. Ni hablar de bajar el gasto deficitario de varios ministerios y de toda la clase o “casta” política, encima cada día devaluan un poco más al subir el dólar oficial.

En este mes se vuelven a caer las previsiones de Massa, la inflación prevista superará el 5,4%, según algunas consultoras, no nos salva nie el billete de $. 2000, que saldría en el mes de Junio, ya devaluado.

La carne, incomible, por el precio ya alcanzó aumentos de 25 al 30%, un kgs. de milanesas paso de $ 1.200 a $. 1.900; el pollo al que podían acceder muchas personas también aumento y sobre fines de febrero no se quedaran atrás los insumos escolares, las escuelas y universidades privadas.

La pobreza y la indigencia, avanzan en un país con un gobierno de mente cerrada, que vive del capitalismo, pero que no abre su economía al mundo exterior y que a la vez no es capaz de generar el desarrollo industrial y productivo que se requiere para competir en un mercado más diversificado y bajar precios.

En estos años el país ha crecido en el aumento desmesurado de la deuda externa e interna, no ha crecido el PBI sino que apenas se recuperó y llega a estar hoy en la etapa previa a la pandemia de Coronavirus, si hablamos de empleo, creció en el Estado, no en empresas privadas ni en Pymes que apenas sobreviven.

No es la guerra de Rusia -Ucrania que nos afecta, es Alberto Fernández y su séquito, es la carencia de políticas públicas coherentes y de largo plazo, es no aprovechar la oportunidad internacional de ser nuevamente proveedores mundiales de alimentos, pero -siempre hay uno- como producir con altas retenciones, impuestos por todas partes, falsos incentivos y carencia de apertura de mercados por cuestiones meramente ideológicas que nos llevan a ser un país que no salió de la etapa del subdesarrollo y que defiende las dictaduras instaladas en Latinoamérica y pretende imitarlas en pobreza, marginalidad, delincuencia organizada (Rosario), fuga de capitales de inversión productivos y un “escape” al dólar blue como reserva de valor.

Fernández se alegra porque en gastronomía la gente espera dos horas, haciendo cola para ingresar a comer, no ve más allá de su corta mentalidad, se le olvido que son siempre los mismos los que se pueden tomar vacaciones y dentro de ellos están los políticos, sus familiares y empleados estatales con buenos sueldos, una clase media baja que todavía puede mantenerse y un sector empresarial con cierto poder adquisitivo.

El pobre trabajador apenas puede llevar la comida a su mesa, tener su casa propia o alquilar, ni siquiera tiene acceso a una vivienda oficial a la cual acceden solo quienes son acomodados en una lista. Es lo que eligió la mayoría y ahora debe padecerlos, hasta que en las venideras elecciones decidan tomar otro camino.

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Jorge A. de Gioia

Periodismo Especializado y noticias de interés general
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