El odio no solo se traduce en el sentimiento de antipatía hacia otras personas, es mucho más peligroso que el sentir contenido, porque puede tranquilamente llegar a expresarse en forma violenta, ejemplos en el mundo y en nuestro país sobran.

Hitler y su aversión hacia los Judíos, termino en el holocausto judio; las genocidios cometidos contra comunidades negras (odio por raza) o los cometidos contra los pueblos Armenios (hasta hoy se niega); los asesinatos provocados por la Alianza Anticomunista Argentina (por cuestiones político -ideológicas); las venganzas y asesinatos desencadenados por las dictaduras militares argentinas, tras el odio acumulado por años de maltratos de parte del peronismo, incrementado por el ERP y Montoneros; el odio que sigue latente por las desigualdades de trato entre asesinos que violaron los mas esenciales derechos humanos desde el Estado y aquellos que lo hicieron desde organizaciones político -militares para imponer una idea y modelo de país que no fue, pero sigue latente.

Los rencores de muchos periodistas y editores de diarios (algunos ex-montoneros otros bien pagos) que se siguen plasmando en sus acciones diarias y en el papel y son difundidas por funcionarios y militantes políticos allegados al actual gobierno; las manifestaciones como única forma de defensa posible ante el cierre de toda otra manera de discusión en democracia, en una abierta lucha por el poder del Estado; los insultos y actitudes de muchos funcionarios, militantes políticos y trolls, hacia “los gorilas o de la derecha recalcitrante” por las redes sociales, pidiendo castigo por “violar la ley” cuando no la violan ellos.

Los nombramientos de funcionarios ineptos en altos cargos públicos con sueldos que no cobra ni el presidente de la Nación Argentina; la imposición de medidas autoritarias; el mantenimiento cada vez más visible de actos de corrupción en las compras del Estado; la inseguridad ciudadana que aumenta cada día; los comerciantes que han perdido sus inversiones y quiebran; la perdida de credibilidad y esperanza de un futuro mejor.

El poner la mirada siempre en un pasado como el que mencionamos, sin poder construir el futuro, da cuenta de una sociedad argentina totalmente dividida, sin posibilidad de unirse, sin importarle el otro, y ello genera una desconfianza que nos esta llevando a un camino sinuoso dificultoso de transitar.

Las leyes impuestas son malas leyes, no sirven más que a un sector político y perjudican al resto de la sociedad. Hay que reflexionar desde el poder y variar el camino, dejar que la ciudadanía participe de la construcción de su propio destino.

En estas horas se impone trabajar juntos, ya es momento de terminar con los rasgos autoritarios y caminar hacia el fortalecimiento de la democracia, alejando aunque sea un poco los fantasmas del pasado, dejándolos en la memoria como prueba de los sucesos mundiales con el fin de no repetir la historia.

La clave es no fomentar bajo ninguna forma la antipatía hacia el otro, porque ese es el camino al odio sin regreso que sigue minando el dialogo político y el futuro de todos los habitantes de este bendito país.